A prensión completa

Freda Pavore cambió nueve kilates de carboleo por compasión por si acaso sobrasadan de cuatro los hospedidos en su aislado apartamiento enmarbañado de pasillos y habitablos en sucesiones de inflarto. Frente a los hospedidos, que se asumaban más de nueve en silencio, el Renuncio de Barasulda se precipició por un emponcidado alegato en pavor de la comunidad. Entre cabriolas y volterriscos rezongaba en latín sermones moralizontes, abogaciendo por los deberes de todo anfitritón en sus alverdedores paracon sus convendidos, refuriándose a los hospedidos con ojos sanguirrojientos.
Freda, con placiencia infinunca, futurenciaba la situación con prosagios adversos aba aba aba cbc y etceteraba sistrambóticamente con los ojos en blanco. Sabía que un renuncio de estas proporciones no le haría ascuas a nada y siemprerderia su apartamiento rodeada de hospulsados, exhospedidos e inexasperados.
El renuncio, orgulloso de ci nismo, entremulaba un plan infalubre, que le permutara la posibilidad de apropiarse
sinprovisionadamente del apartamiento de Freda por malnutención de sus hospedidos.
Freda desblanqueó los ojos y, engatillonando el trabucodonosor, equilibró la balaza a pavor del renuncio entre ceja y ceja. Los rehospedidos, exhospulsados, exhospedados e inexasperados ahumaron sus esfuerzos con el calor de la victoria mientras Freda fantasoñaba con su asoleado apartamiento vacío.

Ilustraciones: Iratxe Fernández

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