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El caballero de la mano en la boca

El caballero de la mano en el pecho - El Greco

El supuesto marqués de Montemayor, aburrido de la interminable sesión de posado, se burla en señal de protesta de Doménikos Theotokópoulos mientras el pintor mezcla una nueva gama de negros que esta vez, asegura, darán con el tono adecuado para la ocasión.

– ¡Señor marqués! –

El emblema de armas del marqués reza: “Mal posa qui mal y pose”.
Quién sabe por qué…

Beber color (poema vintage)

El color que tus labios desprenden
sobre mi cuerpo,
el caos que despiertas en mi mente,
las mariposas en mi vientre,
mis sentidos en tus manos,
mi regalo, suave, rojo, dentro de ti
inundando tu consciencia.
Subir a beber el color de tus labios,
pintar la habitación con serenidad de caricias,
sudar gritos escondidos muy profundos,
morir juntos envenenados de color,
pintar tu vientre con sudor,
sudar color por tu vientre,
mariposas en tus manos,
mis sentidos en tus labios,
caos en tu mente,
beber con serenidad tu inconsciencia
muy profundo mi regalo.

Dos piedras

Dos piedras

Dos piedras. Tomo II. Saga IV

Fred y Quini

Editorial Gambetti. Zaragoza, 2012.

Librocuento sobrecogedor y megalítico en el que Fred y Quini entierran toda la épica de las anteriores sagas bajo un realismo pétreo, árido, arenisco, granítico a ratos, que hace llover pedrisco sobre las conciencias adoquinadas de los lectores distraídos. La trama se enroca en el nudo petrificando la acción y erosionando el desenlace que se filtra gota a gota hasta la estalagmita final totalmente inesperada que deja de piedra al estupefacto lector que se haya conseguido abrir paso hasta aquí. No todo el monte es gravilla.

Te guste o no, dos piedras…

Insomnibus

– Ro0onc, bzzzz, Ro0onc, bzzzz –
– Tchk, tchk, tchk –
– mmm, grmm, gmrrmf –
– Maldito aparato. Maldita madrugada – murmuraba rencoroso mientras su vejiga emitía sensibles advertencias de niveles críticos alcanzados. Apagó la humillante pantalla rebosante de ovejas rosas saltando despreocupadas ante sus enrojecidos ojos que le despertaban cada vez que roncaba mientras avanzaba a trompicones por el pasillo evitando la imagen de su queridísima sonriendo en sueños a Mr. Jobs, triunfante y agradecida.
¿En qué momento accedería a que aquella maquina sádico-fascista arruinase sus noches a cambio del placentero sueño de ella?.
Anteriormente fueron las tiras nasales aquellas que le provocaron sinusitis y continuas faringitis, sin éxito alguno, por cierto, y antes de aquello los codazos con saña que sucedieron a los imperativos susurros del cortejo prenupcial. La tecnología había llegado para salvar a la humanidad y su futuro.
Ahí estaba su acostumbrado dolor de cabeza retumbando insomne para recordarle su infinitesimal dosis de relajante natural. No creía en la homeoapatía, como el solía llamarla y así pensaba que era realmente. Desde el inicio del tratamiento se sentía un hombre apático. Poco a poco y disolutamente esa pequeña comezón apática estaba invadiendo, colonizando, mejor dicho, su desánimo. ¿O todo había comenzado al iniciar la convivencia con su queridísima? La amaba, de eso no le cabía la menor duda, pero cada vez se sentía más pequeño a su lado. Esa admiración, tal vez un poco forzada, del inicio de su corto noviazgo se transformó paulatinamente y en silencio en una condescendencia resignada e indiferente hacia él.
– Mejor no pensar en esto a estas horas. Tómate tu Dormidol y trata de no darle muchas vueltas. Paracetamol, agua y todo disolucionado – pensó con un atisbo de amarga sonrisa.
Vuelta a la cama arrastrando los pies sobre su polvoriento ánimo.
– Mirala, ¡qué feliz duerme! Aún es sexy, no como yo, casi calvo, gordo, bolsas, tez cenicienta… Todavía conserva los senos firmes y esa madurez lozana… Por lo menos no me pedirá caras operaciones en los próximos años. ¿Qué es lo que temo? ¿el dinero o verme insignificante e inútil a su radiante sombra?. Me fumaría un cigarro, pero lo he dejado… así no voy a tranquilizarme. Cuenta números romanos. Palito, palito palito, palito palito palito, palito uve… pero cuando llego a cuarentaynueve siempre me asalta la misma duda, ¿palito ele? ¿palito equis de? Siempre se me olvida mirarlo… ¿lo miro ahora? No, que me desvelaré más todavía… Soy un inútil. No sirvo para nada, ni para cuidar de mí mismo. Trata de dormir. Relájate… ¿Hará falta verbalizar los pensamientos? ¿La gente piensa verbalmente o siente lo que piensa? Mírame, vivo rodeado de millones de personas y no sé cómo es la gente. ¿Es importante esto? ¿necesito saber cómo se comporta la mayoría para hacer lo mismo y sentirme mejor? ¿me importa la gente o solo necesito un patrón de comportamiento en el que verme reflejado para no descubrir mi nulidad como ser humano? ¿soy realmente una anomalía o es que yo me preocupo de pensarlo mientras que el resto simplemente vive?… Duerme, por favor, no te haces ningún bien pensando así, no vas a llegar a ninguna parte… ¿Qué hay de malo en la inoperancia? ¿por qué hay que tirar para adelante? ¿nos lleva a algún lado el progreso? Sí, hacia adelante, pero ¿qué hay delante nuestro? no lo sabemos, pero allá vamos en una frenética carrera sin sentido, alocada y reactiva como lemmings frente al precipicio del progreso… Vamos duerme, como comience a amanecer te será más difícil conciliar el sueño. Sabes que con luz no puedes conciliar el sueño… –
– Bip, bip, bip… Bip, bip, bip –
-Mmmmmpfff, naaaah… con lo bien que dormía. Buenos días, cari, he tenido unos sueños maravillosos y de lo más placenteros… ¡Ay, chico! ¡Qué mala cara tienes! Deberías hacer algo de ejercicio. Esta tarde vamos a apuntarte a un gimnasio que han abierto en el barrio y que me han dicho que tiene de todo y con las máquinas más modernas y hay un profesor de pilates fantástico, según me han dicho, que… –