
| Lamasa y Elmosso ya son amigos, aunque ahora, si me vuelvo rápido, puedo notar cómo tratan de conspirar a mis espaldas. Los malditos luego lo niegan entre risitas cómplices. |

| Lamasa y Elmosso ya son amigos, aunque ahora, si me vuelvo rápido, puedo notar cómo tratan de conspirar a mis espaldas. Los malditos luego lo niegan entre risitas cómplices. |