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Entre un sapo y el resto del mundo queda todavía un estanque donde el sapo se sumerge hasta el amanecer en busca de una sóla gota de esperanza.
Una princesa vieja y cascarrabias pasea cada día hasta el estanque para verse reflejada en el agua, como hacía en el pasado, cuando aun era joven y bella.
Ahora detesta el tiempo y la vieja cara arrugada que el pozo le devuelve.
Aquella mañana el sapo habló:
– ¿porqué te lamentas?
– El estanque me robó mi juventud
– Pero este estanque cuando algo toma, siempre da algo a cambio – contestó el sapo
– Es cierto, me robó la belleza , pero a cambio me ha dotado de gran sabiduría. Por lo tanto mi juventud debe estar ahí abajo, oculta en algún sitio.
Impulsivamente la princesa se precipitó en el agua, pero conforme la emoción crecía, su ansiedad se hacía más pesada y, por lo tanto, más rápido se hundía.
Llegando a lo más profundo la princesa pudo ver unos extraños peces con coronas de vivos colores que se lamentaban de su ceguera. Con los pulmones llenos de agua pensaba en lo bello de aquellos colores que los pobres peces nunca llegarían a conocer.
Entre un sapo y el resto del mundo queda todavía un estanque donde el sapo se sumerge hasta el amanecer en busca de una sóla gota de esperanza.
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