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Alfred J. Klimt, primer emigrante americano en Europa, sostenía que él había sido el maestro de Gustav Klimt y que este triunfó únicamente gracias a que el americano sufría una misoginia feroz que le impedía pintar rostros de mujer. Acusado de plagio, estafa, y misoginia, Alfred ingresó en la cárcel de Klotznitz, donde se refugió en el regazo de un enorme arponero con el que compartía celda. Su felicidad duró 14 meses. Debido el hambre y a un sensible deterioro en su relación, el arponero Hrothgar poco a poco se fue comiendo a Alfred, hasta que un día ya no quedaba nada. |
