Érase una vez una ratita que limpiaba el portal de su casita y mientras barría se encontró una moneda con la que se compró una cinta. Un apuesto gato que pasaba por allí le ronrroneó al oído, se la llevó a la cama y se la zampó.
Moraleja o te enrrollas o no lo cuentas.

SLURP!
No puedes reasistir al poder calcareoxidante de mi relamentolado.
Destorreciúdate a la detras!
una, dos y tras!

Dí que sí, Mariflor, querida, que es que se atiborran de polen esas zarzonas descocadas roba maridos que lo van enseñando todo por ahí sin verguenza. Si es que en estos tiempos todo es polinizarse a lo loco sin sentimientos ni romanticismo!
Ay si Cocolo estuviera aquí!

¡Mira no empecemos que no acabáremos!
¡No te me esquejes!
¡Que hacías tú observando a la monocotiledonea esa de los pistilos operados!
¡Arbusto, que la tenemos!

Siempre igual, que si arbusto, que si lo otro.
¡Déjale germinar a su sombra, por amor de col, que lo vas a agostar!

¡Callá, que no sabes lo que dices!
¡Vará verdad badil bedel badum badum!
Estos jovenes, a nada que aprenden la chiclosíntesis, se sienten capaces de hacer raices cuadradas.
¡Estate tiesto!
¡Dile algo, Arbusto, que pareces un barbecho, ahí parado!

¡Mamá, yo tampoco tremulo al chiclobot!
¿puedo hacer vará verdad badil bedel badum badum?